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LAS RELACIONES DE VECINDAD EN SU TRASCENDENCIA SOCIAL EN CUBA

Lic. María Julia Rodríguez Saif
Profesora Asistente de la Disciplina de Derecho Civil y de Familia del Departamento Básico-Civil y Especialista en Derecho de Autor por la Universidad de Alicante en España. Facultad de Derecho. Universidad de Oriente

Santiago de Cuba

CONTENIDO

Introducción

Los conflictos vecinales y su evolución con el desarrollo social

Análisis de la trascendencia social de las relaciones de vecindad en Cuba

Relación problema social-necesidad de la investigación

Referencias Bibliográficas

Bibliografía

INTRODUCCIÓN

La vida del hombre se desenvuelve básicamente en sociedad, y es en esas relaciones sociales donde la convivencia humana plantea a menudo conflictos y problemas que, en ciertos casos el Derecho está llamado a resolver. Esas relaciones que vienen determinadas por la contiguidad o proximidad de los predios en los que el hombre se desenvuelve o habita enmarcan las llamadas relaciones de vecindad, que, como relaciones sociales que son, no están exentas de ser problemáticas o conflictivas. (1)

El ser humano no ha vivido aislado ni puede vivir aislado. Basta con mirar nuestro entorno y nos daremos cuenta inmediatamente de que hemos vivido y viviremos en una vida de relaciones y, si bien es cierto que el entramado de la sociedad de hoy día nos hace desear por instantes el aislamiento ello resulta casi imposible y muy difícil de lograr. Varios sonb los factores que explican esas circunstancias: tecnológicos, sociológicos, sicológicos, entre otros.

Al Derecho no le es inherente el estudio de esos factores pero como su fin último es ordenar las relaciones sociales y en ella está la convivencia social debemos tomarla como punto de referencia pues sólo en ella y para ella se justifica su existencia.

La circunstancia de la vecindad constituye el presupuesto de orden social de las relaciones de vecindad. De ahí el principio de la necesidad de una convivencia social ordenada, que impone un nivel general de corrección y dependencia en relación con los ciudadanos, según las variadas circunstancias de la vida, que aún no estando escritos en los Códigos siempre representan el presupuesto mínimo del orden normal de la vida social.

Dice Carbonier, (2) "la comunidad de vecindad constituye una realidad sociológica, sentida con mayor o menor intensidad según las épocas y los ambientes."

Como ya hemos referido la peculiaridad de las relaciones de vecindad está dada porque la convivencia viene determinada por la inmediación o proximidad de los lugares en los que el ser humano se desempeña. Pero, no siendo estos lugares independientes, no están ubicados de manera aislada, sino que necesariamente limitan unos con otros; además, resulta imposible cerrarlos herméticamente para sustraerlos de toda interferencia ajena o para evitar que los efectos de algunas de las actividades que se llevan a cabo en ellos no trasciendan en nada al exterior.

Por ello con independencia de las relaciones que cada cual realice por su propia voluntad, el asentamiento en un lugar genera otro tipo de relaciones a veces no queridas, pero inevitablemente existentes: las determinadas por la vecindad, donde son una constante reiterada, a lo largo del tiempo, inconvenientes y molestias de todo tipo que los vecinos se causan recíprocamente.

Cuando en la vida cotidiana nos encontramos con un vecino que pone su música a niveles superiores a los tolerables por el oído humano o que sin llegar a ello perturba la tranquilidad de la comunidad al no respetar sus normas de convivencia acorde con los horarios establecidos, o cuando nuestro colindante abre un hueco en la pared que divide las dos viviendas restándonos la privacidad, o cuando construye una pared tan próxima a la nuestra que nos priva de la iluminación, la ventilación y las vistas o cuando por el derramamiento de líquidos (aguas) se producen filtraciones que dañan los inmuebles e incluso la salid de las personas, o cuando por la actividad de un trabajador por cuenta propia, ya sea de carpintería: el ruido provocado por la sierra, de una zapatería: el ruido del claveteo, la penetración del humo u hollín de un horno donde se cocinan pizzas u otros productos e incluso cuando por el alquiler legal de una vivienda se practiquen actividades inmorales como la prostitución, o la utilización del inmueble como "casa de citas" contraviniendo las normas de la moral socialista y con ello a la comunidad de vecinos, entre otras muchas, podemos decir que estamos en presencia de conflictos sociales que son generados por las relaciones de vecindad y me pregunto: ¿Quién no ha estado, al menos una vez, como parte afectada e incluso como causante de una situación de este tipo?

Todo lo referido se hace más agudo cuando ciertas situaciones de este tipo no encuentran en el Derecho las normas que den una respuesta adecuada a la conciliación de los intereses de quienes en el ejercicio de sus derechos perturban a los demás, y este puede deberse al envejecimiento de las normas que regulan esta materia o porque técnicamente no han sido bien elaboradas provocando entonces un grado de insatisfacción desfavorable en aquellas personas que no ven la solución de sus conflictos en el instrumento creado a tales efectos.

De ahí la necesidad de realizar nuestra investigación para demostrar cómo existen conflictos sociales en Cuba derivados de las relaciones de vecindad que no pueden ser resueltos jurídicamente por la legislación vigente y que provocan malestar en la población.

LOS CONFLICTOS VECINALES Y SU EVOLUCIÓN
CON EL DESARROLLO SOCIAL

Las relaciones de vecindad y, por supuesto, los conflictos que ella genera han existido desde todas las épocas de la humanidad incluso antes de la aparición de la propiedad privada, el Estado y el Derecho; pero han experimentado profundos cambios desde sus planteamientos y problemas iniciales hasta nuestros días. Hemos podido comprobar que los conflictos entre vecinos constituyen un problema muy antiguo.

Podemos decir entonces que desde que el hombre abandonó la vida nómada, característica de las primitivas hordas y decidió iniciar la organización en comunidades mediante la construcción de originarias viviendas, comenzaron a surgir relaciones de vecindad como consecuencia de las costumbres, hábitos y necesidades que las nuevas formas de vida requerían.

De la inicial agrupación en tribus y comunidades el hombre en su incesante desarrollo fue logrando mediante la aplicación de diversas técnicas constructivas la creación de pueblos y ciudades de grandes concentraciones poblacionales dando paso a las urbanizaciones que si bien facilitaban la vida de esos conglomerados humanos también la tornaba más compleja.

De ahí que los conflictos vecinales derivados de estas relaciones en sus inicios, cuando no existían las ciudades, fueron generados bien por la intromisión de humos y olores en los predios colindantes o próximos o bien por la necesidad de la delimitación de los fundos, es decir, los límites que determinan la demarcación de las fincas, primeramente rústicas y luego urbanas, ya fueran colectivas o privadas, o por la necesidad del paso de salida a la vía pública al estar el predio enclavado entre otros, o el derecho de verter las aguas pluviales de los predios situados encima de otros o adyacentes, sin que se pudiese alterar el libre curso de la caída de las aguas, la necesidad de derivar los residuales líquidos a los tragantes de cloacas o hacia la vía pública. Estos fueron conflictos característicos de la época feudal en la edad media o medieval donde existía un predominio de vastas propiedades de destino eminentemente agrícola, de pequeños grupos rurales y métodos de trabajo artesanales.

En la edad moderna, junto esta vecindad tradicional, aparece una moderna vecindad. No ha habido una sustitución de un modelo de vecindad por otro, sino que conviven la antigua vecindad predial del ámbito rural y la actual vecindad urbana e industrial donde muchas veces ni siquiera conocemos al vecino que nos perturba o incluso podemos vernos afectados con actividades que se realizan a mucha distancia casi siempre de carácter industrial.

Las relaciones de vecindad han intensificado sus efectos al plantearse nuevos conflictos donde ya no se protegen a los particulares individualmente considerados sino tendente a la protección de intereses de carácter general: cuestiones relativas a la construcción urbanística, salubridad, actividades molestas y peligrosas, inmorales y del medio ambiente, entre otras.

En la era moderna y específicamente en el siglo XIX, con la expansión de las ciudades por la gran revolución industrial, y con ello los avances tecnológicos en las construcciones urbanas se configuraron nuevos conflictos vecinales referidos esencialmente al derecho de introducir una viga en el muro del predio vecino, el apoyar la construcción propia en la pared del predio vecino, la construcción en el predio vecino no puede provocar la disminución de la luz y la ventilación de ningún otro, así tampoco las construcciones del vecino pueden disminuir las vistas que percibía, la obligatoria existencia de pasillos laterales para la separación entre dos construcciones urbanas, la inmisión de los vapores procedentes de estufas o cocinas, hornos y otros equipos que no causen molestias tales como: ruidos, vibraciones y trepidaciones, en el ejercicio de sus derechos, al predio vecino.

El cambio económico y el tránsito de una sociedad rural a otra urbana se refleja en el crecimiento de las ciudades y en el tipo de propiedad resultante. El creciente número de habitantes que se concentran en las zonas urbanas y la consiguiente expansión de las ciudades exigen una racional planificación para satisfacer los distintos intereses y necesidades residenciales, comerciales, de servicios, industriales, zonas verdes, entre otras. Todo lo cual conllevará a la prevención de un buen número de conflictos vecinales por los usos incompatibles de las propiedades.

Por todo lo anterior podemos decir que los conflictos vecinales se caracterizan por dos notas esenciales: la perdurabilidad temporal ya que se proyectan tanto histórica como modernamente y por el casuísmo que preside esta materia, dada la multiplicidad de supuestos que pueden generar situación de tensión o contraposición de intereses, enturbiando las relaciones de vecindad.

Las fricciones entre vecinos constituyen un fenómeno muy antiguo, como ya hemos expresado, que hunde sus raíces en el tiempo, pero que no por ello ha perdido su intensidad e importancia, sino que sigue tratándose de un fenómeno de actualidad, que se nos presenta hoy con especial relevancia.

En la actualidad ya no se trata de campesinos que se disputan un pedazo de tierra o que tienen problemas por las raíces de los árboles, los muros, los establos, la caída de las aguas o los caminos de paso, sino que se trata de vecinos que se desenvuelven en apretados espacios y que tienen problemas con las carreteras, los aeropuertos, las fábricas, las industrias, los edificios, las actividades molestas, insalubres o nocivas en sus más variadas manifestaciones, o con otros vecinos; problemas que en innumerables ocasiones se traducen en humos, ruidos, gases, vapores, olores, calores, trepidaciones, radiaciones y otros tipos de inmisiones de sustancias corporeas como pueden ser los líquidos (el agua), situaciones de medianería, deslinde, paso necesario, etc, que se inician en el fundo de quien los produce, en uso de su derecho de propiedad u otro derecho sobre bienes inmuebles, pero que, rebasando sus límites, penetran en la esfera del vecino, resultando un perjuicio a la persona o a sus propiedades. (3)

Por su carácter causal pueden resultar innumerables los supuestos de hechos que en esta materia se presentan debido a que las posibilidades de perturbaciones de unos vecinos a otros en las relaciones de vecindad son muy numerosas y cambiantes en el tiempo.

La ubicación de las relaciones de vecindad en el sistema jurídico.

Esta materia la encontramos situada desde las primeras normas de derecho dentro de una relación jurídica civil de titulares de derechos sobre bienes inmuebles ya sean rústicos o urbanos lo que se evidencia de lo hasta aquí expuesto y específicamente dentro del ámbito, primero, de las Servidumbres Legales, luego ha sido valorada por la doctrina como limitaciones a los derechos sobre bienes derivadas de las relaciones de vecindad y hoy en día un importante sector de la doctrina la ubica como límites al contenido del derecho de propiedad y otros derechos sobre bienes inmuebles en el ejercicio por los titulares de sus derechos de manera que se concilien los intereses y que dentro de un uso normal y una tolerancia aceptable se logre una convivencia humana justa y pacífica.

Si la convivencia constituye el presupuesto social de las relaciones determinadas por la vecindad los derechos sobre bienes inmuebles constituyen su presupuesto jurídico. De ahí que sus normas deban procurar recoger en sus regulaciones aquellos aspectos de hecho que con carácter técnico se adecuen a las disímiles situaciones que se generan como resultado de la interrelación de los titulares en el ejercicio de sus derechos.

Como bien señala Diez-Picazo que las relaciones de vecindad, "traducidas al lenguaje jurídico, son siempre relaciones de mala vecindad, es decir, relaciones de tensión y de conflictos", (4) pues cuando los vecinos acuden al Derecho es porque no se llevan bien.

En la utilización y el destino que se le de a los inmuebles por sus titulares y la realización de diferentes tipos de actividades económicas o de uso y disfrute forman parte del ejercicio del derecho sobre el bien inmueble y en dicho ejercicio el titular puede excluir a terceros ajenos a su área domínica pero cuando estos son vecinos se hace necesario delimitar sus márgenes de actuación, ya que pueden ocurrir conflictos de intereses entre ellos cuando los titulares sean próximos o colindantes.

"Pretender excluir cualquier injerencia ajena en el dominio propio o pretender evitar de que de una propiedad no se derive ni la más mínima influencia en la propiedad del vecino sería tanto como condenar al propietario a la inactividad más absoluta, con la consiguiente inutilidad de su derecho." (5)

Si un propietario no permite que caiga en su jardín o en su balcón una hoja del árbol o de la maceta del vecino, no tolera el leve ruido cotidiano de algún efecto electrodoméstico de uso común, o pretende impedir que el olor de la comida que cocina el vecino se filtre por su ventana o los molestos olores de una cocina de luz keroseno cuando es apagada o de una hornilla de carbón o de leña que se utilice para elaborar los alimentos necesarios para la satisfacción de la vida humana; en este mismo sentido tendría que verse dicho propietario impedido de realizar tales actividades para no perturbar a sus vecinos próximos o colindantes en la misma medida que tampoco él tolera dichos usos.

La inevitable convivencia vecinal, no sólo con sujetos que están en nuestra misma situación, sino también con las industrias, fábricas y en definitivas el progreso tecnológico de nuestro tiempo, hace necesario un cierto grado de tolerancia, impuesto por la vida en sociedad, pues la prohibición de toda perturbación no significaría otra cosa que prohibir la vida en sociedad misma que es la causa. (6)

En este mismo sentido cuando la perturbación rebasa los niveles de tolerancia y de uso normal el Derecho debe proporcionar aquellos mecanismos de defensa para que el titular que sea objeto de esa perturbación pueda encontrar como solucionarla dejar definido hasta donde el ejercicio del derecho debe puede llegar o no de tal manera que se concilien los intereses en cuestión dentro del ámbito de la convivencia.

ANÁLISIS DE LA TRASCENDENCIA SOCIAL
DE LAS RELACIONES DE VECINDAD EN CUBA

A la llegada de los colonizadores europeos a nuestra isla ya sus pobladores, si bien no contaban con normas jurídicas que regularan las relaciones de vecindad, sí tenían y respetaban los hábitos y costumbres y era la autoridad del Cacique o jefe de la tribu o aldea quien señalaba los límites permisibles y velaba por la paz y la tranquilidad de sus moradores.

Consumada la conquista de Cuba, se inició todo el proceso de colonización a partir de la fundación de las primeras villas por los españoles que utilizaron durante décadas, como sus viviendas, los bohíos de construcción nativa. (7)

De tal forma que numerosos sitios que fueron aldeas o poblados indios comienzan a transformarse en villas, pueblos y ciudades o son eregidas éstas en lugares apropiados y empiezan a regirse por instituciones sociales y normas jurídicas traídas de la metrópoli y que fueron elaboradas para regir en los territorios de indias de ahí su nombre de Leyes de Indias o Derecho Indiano.

Durante todo este proceso los repartos de tierras se hicieron conforme a la mercedación de éstas. "En un principio la merced se concedía sin especificaciones de linderos ni cabida, señalándose solamente el asiento a partir del cual se media en leguas el radio de la circunferencia que tomando como centro dicho asiento, habría de enmarcar las tierras mercedadas, sistema que dio origen al régimen tan peculiar de las haciendas cubanas y que, por siglos, fue fuente de constante problemas vecinales y semilleros de incontables pleitos." (8)

Debido a la situación antes planteada se aprobaron alrededor de la década de los años 1640-1650 disposiciones normativas que trataron de poner orden en la forma de concesión de tierras, disponen que se marcaran con mojones en su perímetro circular. Todo lo cual pone en evidencia lo antiguo de los conflictos vecinales y la necesidad de ordenar su regulación en aquella época en que el sistema inmobiliario semi-feudal, carecía de toda seguridad jurídica.

En la medida en que el desarrollo de las Villas avanzaba fueron apareciendo nuevos conflictos vecinales que tuvieron que ver con la forma y alineaciones de las construcciones, la construcción de establecimientos insalubres, peligrosos e incómodos para los vecinos que causaban perturbaciones, incluso, cuando se trataba de prostíbulos.

Para resolver dichos conflictos se hizo necesario dictar toda una serie de normativas jurídicas, que limitando el ejercicio del derecho de los titulares, conciliara los intereses de todos, ordenando la convivencia en las Villas y posibilitando con ello los mecanismos jurídicos de defensa para aquellos titulares que se vieran en la necesidad de amparar su derecho.

En la etapa de la seudo- república la escasez de la producción y el empleo hicieron emigrar a infinidad de familias a las ciudades determinando un creciente aumento de los centros urbanos y por ende los niveles de conflictividad en torno a las relaciones vecinales.

Es así como en la etapa republicana, con la introducción de los vehículos automotores, nuevas técnicas de acueducto, alcantarillado sanitario y drenaje pluvial; y tecnologías más numerosas para la construcción de edificaciones comienza a tornarse más complejo el fenómeno de las relaciones de vecindad apareciendo nuevos conflictos en correspondencia con la situación planteada que anteriormente no existían y para los cuales las normas y disposiciones que tenían un valor técnico-jurídico inestimable empezaron a mostrar obsolescencia (9) provocando que esos nuevos conflictos vecinales no encontraran una solución favorable, una respuesta en ellas. A tal punto que a partir de 1920 en adelante la situación del ordenamiento urbano era muy compleja y los conflictos vecinales que se originaban eran excesivamente agudos debido a la falta de normatividad jurídica provocando un vertiginoso y desorganizado desarrollo urbano incontrolable hasta para la Administración Pública a lo cual, sin embargo, el Código Civil español vigente en esa época y criticado por su excesivo casuismo, daba en alguna medida respuesta a la solución de la mayor parte de esos conflictos.

Al triunfo de la Revolución Cubana heredamos todo lo que nos legó aquel sistema incluyendo sus normas jurídicas que si bien fueron muchas de ellas derogadas o modificadas adaptándolas al nuevo régimen económico social imperante en la materia que nos ocupa no se legisló nada nuevo y continuaron vigentes las escasas disposiciones normativas existentes aunque en buena medida el Código Civil español al mantener su vigencia, y no haber sido modificado en esta materia, durante ese tiempo, contribuía en cierta medida a salvar las situaciones de reclamación que se presentaban.

Pero una vez institucionalizado el país y como parte de este mismo proceso se da inicio a un período de elaboración, aprobación, promulgación de nuevas leyes, así, en 1987 queda definitivamente aprobado el Código Civil de Cuba y para Cuba en un contexto económico social marcado por relaciones puramente socialistas de producción y con la notable influencia de los países que conformaban el sistema en aquellos años acogiéndonos a la práctica de su normativa civil que enviaba a la esfera administrativa la mayor parte de las situaciones que tenían su origen en relaciones vecinales idealizando un tanto que el comportamiento social se transformaría al mismo tiempo que la economía de manera que con normas y sanciones de carácter administrativo se disciplinaría una institución que, como hemos ya apuntado, a todo lo largo de la historia ha estado marcada por conflictos entre titulares en el ejercicio de sus derechos sobre bienes inmuebles y dentro de una relación jurídica civil, lo cual no quiere decir que en nada tenga que ver la norma administrativa pues ella es complemento de lo que el Código debe regular pero, que desgraciadamente data de los tiempos de la colonia.

Por otra parte dejó muy poco margen interpretativo en este campo para conflictos vecinales de carácter civil que hoy acontecen en nuestras relaciones sociales y que no encuentran solución en las normas, concretamente nos referimos a muchas situaciones de medianería, de luces, de vistas, inmisiones por olores, gases, ruidos, trepidaciones, entre otras que al no encontrar una respuesta adecuada o dejar a criterio interpretativo del juez la consideración o no de que determinado acto es o no causante de un daño o perjuicio a la propiedad o a las personas trae consigo la insatisfacción de los ciudadanos al no resolverse definitivamente el conflicto.

Todo lo anterior nos conduce a decir tentativamente (10) que la normativa jurídica civil vigente ha sabido prever en sus preceptos las diversas situaciones que pueden originarse en materia de relaciones de vecindad y que por otra parte ha envejecido y ya no se adecua ni está preparada para afrontar los recientes cambios económicos y la apertura al exterior que ha generado la aparición de nuevas personas jurídicas como lo son las inmobiliarias que están construyendo innumerables edificaciones destinadas a diversos usos y que por ende pueden verse los titulares de esos inmuebles inmersos en un conflicto vecinal provocado por ellos mismos o por otros en el ejercicio de sus derechos; así tampoco está a tono con la diversificación del trabajo por cuenta propia que también es una fuente directa de generación de conflictos vecinales al permitirse hoy en día la realización en viviendas de determinadas actividades que pueden ser de carpintería, zapatería, servicio de alimentos, alquiler u otras.

Conflictos como los de construcción o de utilización de una pared medianera, los relativos al cierre de la luz y la ventilación, los relacionados con las vistas y lo relativo a las inmisiones incorpóreas han sido excluidos de su normativa y lo que pudiera ser un problema simple, no lo es en realidad, pues en estudios anteriores y de las investigaciones realizadas hasta el momento en provincia como Ciudad de la Habana y en municipios como La Habana Vieja, Cerro, Centro Habana; en otras provincias como Matanzas, Villa Clara, Sancti Spíritus, Camaguey, Holguín, Bayamo, Guantánamo y Santiago de Cuba se aprecia una alta incidencia de conflictos debido al conglomerado poblacional que existe en ellas y donde las personas involucradas no encuentran solución ni en los propios tribunales o en los bufetes colectivos carecen de la normativa y los materiales necesarios para asesorar a la ciudadanía provocando insatisfacción e innumerables quejas que por ninguna vía se solucionan. (11)

RELACIÓN PROBLEMA SOCIAL-NECESIDAD DE LA INVESTIGACIÓN

Como ya hemos expresado las relaciones vecinales generan innumerables conflictos que deben encontrar una solución adecuada en la vía administrativa o judicial .

En la normativa sustantiva vigente para esta materia no encuentran expresión muchos de estos conflictos creando una incertidumbre jurídica en los que aplican el Derecho (Jueces ) pues como consecuencia de la interpretación que se haga pueden quedar ciudadanos desprotegidos en la realización de sus derechos y por otra parte otros no encontrarán como solucionarlos definitivamente al declararse el tribunal incompetente por razón de la materia de que se trata.

A partir de entrevistas y encuestas realizadas a expertos buscando precisamente dejar clara cuál es la problemática que se presenta se nos ha hecho referencia a este problema aquí descrito que se manifiesta técnicamente en una insuficiencia legislativa y que tratando de darle solución mediante otros procesos civiles se encuentra una solución temporal, parcial pero no definitiva del conflicto donde a cada sujeto de derecho le quede claro hasta donde puede llegar en el ejercicio de sus facultades.

Desde la perspectiva del Derecho la solución de este problema social que lo causa estos conflictos que no se encuentran reflejados en la legislación vigente está en la necesidad de perfeccionar los preceptos que regulan esta institución, logrando ubicarla en la sistemática del código conforme su naturaleza jurídica de manera que encuentren en ella una solución efectiva, se elimine el grado de insatisfacción que esto provoca y la consiguiente desprotección del derecho de los titulares aportando además recomendaciones para bases legislativas con vistas a un nuevo Código Civil Cubano a ello va dirigido nuestro empeño.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Algarra Prats, E.: "La defensa jurídico-civil frente a humos, olores, ruidos y otras agresiones a la propiedad y a la persona." Monografía. Editorial Ciencias Jurídicas, Madrid, España, 1995, p. 3.

2. Derecho Civil, T. II, Vol. I (traducción española de Zorrilla Ruiz), Barcelona, 1965, p. 307.

3. Ob. Cit. P. 5.

4. Idem. P. 12.

5. Idem. P. 13

6. Idem. P. 14

7. Portuondo del Prado, F.: Historia de Cuba 1492-189", Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1975, p. 92.

8. Meriño Brito, E.: "Cambios jurídicos sobre la propiedad en Cuba" en Revista Cubana de Derecho No 8 , 1974, p.156.

9. Fernández Núñez, José M.: "Derecho urbanístico y ordenamiento urbano en Cuba" en Revista Cubana de Derecho No 12, 1997-1998. Unión Nacional de Juristas de Cuba, La Habana, p. 64.

10. Utilizamos este término pues la investigación en esta materia para demostrar las insuficiencias del Código aún no concluida por lo cual no podemos aseverar con criterio absoluto lo que estamos planteando.

11. Idem. P. 69.

BIBLIOGRAFÍA

Algarra Prats, E.: "La defensa jurídico-civil frente a humos, olores, ruidos y otras agresiones a la propiedad y a la persona." Monografía. Editorial Ciencias Jurídicas, Madrid, España, 1995.

Derecho Civil, T. II, Vol. I (traducción española de Zorrilla Ruiz), Barcelona, 1965.

Fernández Núñez, José M.: "Derecho urbanístico y ordenamiento urbano en Cuba", en Revista Cubana de Derecho No 12, 1997-1998. Unión Nacional de Juristas de Cuba, La Habana.

Meriño Brito, E.: "Cambios jurídicos sobre la propiedad en Cuba", en Revista Cubana de Derecho No 8, 1974.

Portuondo del Prado, F.: Historia de Cuba 1492-189, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1975.

 

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